Álbum de dibujos del artista J. Kalvellido, ¡¡SALUD Y NI UN PASO ATRÁS!! con más de 300, siguiendo cada día la crónica-crítica-sátira social y política. Como dice Vázquez de Sola en el prólogo: “Su trazo es seguro, explícito, sabio, expresivo, sabiendo lo que quiere decir, cómo decirlo y diciéndolo: todo un alarde de conocimiento de la expresión gráfica en el humor, lo que no es tan fácil como algunos se creen, aunque esto, con los años, puede llegar a aprenderse. Lo que no se aprende, lo que se tiene o no se tiene, es la fuerza, la dignidad, el coraje de enfrentarse a quienes administran el pan, aunque sea envenenado, los honores, aunque denigrantes y los amores aunque prostituidos”.

De formato grande, 24 x 22 cm, de 96 páginas impresas todas en cuatricomía en papel couché de 125 gr. y las portadas también a color.

En el álbum colaboran, un buen ramillete de amigos y conocidos del mundillo artístico, político y social: Andrés Vázquez de Sola (prólogo), Patxi Irurzun (presentación), Manuel Talens (epílogo), Carlos Tena desde Cuba, Julián Sánchez, Carlos Azagra, Sinfo Fernández, Khalid Kaki, Manuel David Orrio, Javi Falcón, David Hernández Castro, Kamy, Vicente Muñoz, José L. Humanes Bautista, Ekintza Zuzena, Fernanda Romeu, Pepe-Sin Dios, El Karma, Iñaki (insurgente.org), Nines Maestro, Huan Porrah, Antonio Maira (insurgente.org), Carlos Martínez (rebelion.org), Miguel Riera (El Viejo Topo).

ISBN: 84-934696-2-9

PRECIO DEL ÁLBUM: 15 euros

 

Lo que del Kalve cuentan algunos amigos

 

(Afoto del susodisho endividuo)

 

KON K DE KALVELLIDO (Diario de un kurrante)

RIDIKULUM VITAE

Juan Kalvellido, un dibujante salido de la klase obrera (él especifika que hundido en la klase obrera) ke no ha dejado nunka de kreer en la revolución. Este andaluz nacido en Kádiz en 1968, kuando el mayo francés de los adokines,vive en Málaga, donde se gana la vida kurrando en el ramo de la hostelería, lo kual no es más ke un eufemismo para decir ke durante ocho horas (¡o más!) de kada día, de kada mes, de kada año... sirve hamburguesas gigantes (whoppers, él las llaman güopers, más kastizo) mientras imagina mil y un dibujos, para después... kuando vuelve a su kasa, dedikar el resto de la jornada a hacernos felices a nosotros y a los suyos.

Ha kreado fanzines a tutiplén: Por amor al arte (7 números durante 5 años, hasta 1998), Kabezakapada (1995), Especial gr-aznar (1995), Vamos a reír (1996), Vamos a reír 2 (1997), Los zulos del estado (1997), Las kosas ke nunka mueren (1998), Kolabora kon la policía… ¡golpéate a ti mismo! (1999), Entre la España y la pared (2002), A chankete le olía el aliento (2003). Ha dibujado portadas para CD's de grupos komo 3 de Bastos (4 CD's) y A Palo Seko ( Pp Pinotxo). Ilustra libros de poesía: Orion de Pilar Quirosa (1989), Islas provisionales de Pilar Quirosa (1995), Desertor de tu voz, de Alberto Aguirre (1999), A pesar de todo la cerveza no enmudece, de Julián Sánchez (2003), Figurando el paisaje, de Julián Sánchez (2005); cuentos komo El Kangrejito Valiente, de Patxi Irurzun (2004); novelas como Atrapados en el tiempo, de Patxi Irurzun (Premio a la kreación literaria 2004). Publika a diario en www.insurgente.org y www.rebelion.org. Kolabora mensualmente en el periódiko Diagonal, en la revista El viejo topo y en la de humor Karmadice. Tiene, además, su propia web, kalvellido.net.

Kalvellido no tiene ni un pelo de tonto (ni de listo, está kedándose kalvo, aunke, komo él dice, la diferencia entre un kalvo y un gilipollas es ke al gilipollas se le nota); es un padrazo y, por supuesto, repetimos, lo más inkreíble es ke aún kree en la revolución.

(Manuel Talens)

 

A MODO DE PRÓLOGO O PROLOGUILLO

 

CABALLERO KALVELLIDO, ROMPO POR TI UNA LANZA

ANDRÉS VÁZQUEZ DE SOLA

La guía telefónica francesa, en la esquina superior de cada página escribe las tres letras iniciales de los nombres que la integran. La mayoría de los dibujantes humorísticos, que no son tontos, han encontrado el truquillo de utilizar como pseudónimo, esas mismas letras iniciales de sus apellidos, así cualquiera al abrir le botin, lo primero con que se tropieza es con el nombre de su dibujante preferido, o de otro que puede llegar a serlo...

Así encontramos a Lap o a Got (a quienes, amigos, envío un saludo cariñoso).

En España, en vez de utilizar ese subterfugio inocente para medrar, la mayoría de los colegas prefieren dibujar al dictado del dictador de turno, ganando prebendas y convirtiéndose en personajillos oficiales del régimen, de cualquier régimen.

Hay, si mi pobre saber y entender no me engaña, dos raras (honrosas) excepciones, tanto por su talento como por su honestidad al hablar de lo que saben y expresar lo que sienten. El primero, de sobra conocido y admirado, no necesita elogios, ni aun ser nombrado. El segundo es Kalvellido, un perfecto ignorado salvo para los fans de InSurGente. Y lo seguirá siendo si no sigue el buen ejemplo de sus colegas franceses en el truquillo nemotécnico para recordar su firma. Kalvellido podría ser un poeta del medievo, un caballero en busca del santo grial o un rey godo, lo inconcebible es que tras ese sonoro apelativo se esconda el genial pintamonas Kalvellido.

Su trazo es seguro, explícito, sabio, expresivo, sabiendo lo que quiere decir, cómo decirlo y diciéndolo: todo un alarde de conocimiento de la expresión gráfica en el humor, lo que no es tan fácil como algunos se creen, aunque esto, con los años, puede llegar a aprenderse. Lo que no se aprende, lo que se tiene o no se tiene, es la fuerza, la dignidad, el coraje de enfrentarse a quienes administran el pan, aunque sea envenenado, los honores, aunque denigrantes y los amores aunque prostituidos.

Gracias, Kalvellido. Los que vamos a morir, te saludamos.

VAZQUEZ DE SOLA

No lo sé hacer mejor, pero, con este prologuillo va toda mi amistad.

ANDRÉS

 

PRESENTACIÓN

UÑA Y MUGRE

PATXI IRURZUN

Aunque sólo nos hemos visto una vez en la vida (o igual por eso) Juan Kalvellido es uno de mis mejores amigos. Y eso que me sobran dedos del muñón para contarlos (me resulta, a mi pesar, mucho más fácil coleccionar enemigos). Sin embargo, desde que Juan y yo nos conocemos, no hemos dejado de saber nunca el uno del otro, casi a diario, bien contándonos nuestras cositas privadas en cartas, faxes y correos electrónicos, bien a través de esos dibujos que, aunque manda con el “undisclosed recipient”, ese, yo siempre los recibo como algo personal, incluso íntimo. Esto último es así porque, por una parte, mi amigo goza de esa genial puntería que da siempre en el blanco cuando uno todavía está apuntando con el pulso de robar panderetas. Él tiene esa rara habilidad de expresar a la perfección aquello que tú sólo has barruntado: Juan, por ejemplo, le pinta colores a la mala hostia que se te pone cuando oyes a tanto bocarrana, en tertulias y telediarios; o canaliza con sus chistes los impulsos asesinos que despiertan los “mireustés”; te cruza en la cara, en suma, una carcajada como una barricada, que es la mejor forma de pararles los pies a tanto miserable: descojonándote de ellos.

Por otra parte, con el tiempo, creo que me he convertido en un poco pitoniso y en los posos de colores de sus viñetas he aprendido a adivinar en qué tramo de la montaña rusa se encuentra su estado de ánimo (a Juanito Kalvellido, dicho sea de paso, hay que mimarlo, amigos, que tiene una sensibilidad muy acusada y también todo el derecho a tenerla, pues es un artista como la copa de un pino).

Y es que Juan y yo nos conocemos muy bien. Y desde hace mucho tiempo. He olvidado los detalles concretos de nuestro primer encuentro, pero sí recuerdo por qué nos encontramos: porque las balas perdidas trazan extrañas parábolas que siempre acaban por cruzarse entre sí. El caso es que durante todo estos años, mediante cartas, faxes y, final y afortunadamente, internet, nos hemos lamido las heridas y las pollas (los dos estamos de acuerdo en que somos unos artistas malditos e incomprendidos), hemos concertado por la fuerza la futura boda de su niña y del mío (o de mi niño y el suyo, si se da el caso) y, sobre todo, hemos perpetrado algunos proyectos comunes (álbums de cómics, portadas para mis libros...). Y lo que te rondaré morena…

Juan Kalvellido y yo somos, pues, como uña y mugre. Y yo me alegro de ello. Y también de que él sea cada vez más uña (la uña que descascarilla toda esta puta farsa que es el mundo que nos ha tocado vivir) y yo, a su lado, me sienta cada vez más mugre. Sólo así puedo sentirme frente a alguien a quien veo mejorar cada día, en cada uno de sus dibujos, cada vez más perfectos, atinados y monstruosos. Porque eso es lo que es, en definitiva, Juan Kalvellido: un monstruo. Y, además, mi amigo.

 

CARTA DEL EDITOR

¿EXISTE J. KALVELLIDO?

Medio cuerpo me dice que no, que quien firma J. Kalvellido no existe. Tienes en tus manos, amigo (a) lector (a) un álbum de dibujos en el que no existen tales dibujos. Las hojas están en blanco; esta editorial sólo ha puesto los papeles encuadernados, y los dibujos que estás viendo no existen, son fruto de tu imaginación, son los dibujos que tú quisieras ver y hacer. Es un álbum interactivo. Nosotros ponemos el papel y los lectores del álbum la imaginación; y ello puede ser fruto de una gran mentira, la de que J. Kalvellido no existe.

Este editor no conoce personalmente a J. Kalvellido, no ha firmado ningún contrato para editar este álbum con ningún J. Kalvellido (¡mejor, así no verá una peseta en caso de que existiese!); una vez alguien me llamó al teléfono diciendo que era Juan Kalvellido, y que si esto, lo de aquello, lo de más allá, intentando liarme. Lo cual no prueba que quien llamara fuese ese señor que dice ser J. kalvellido. También –salvando las distancias– le llamaron a Evo Morales suplantando a ZP y ya sabemos lo que pasó.

Y lo de los dibujitos... pues, ¡son cosa muy fácil de hacer y explicar! Un buen programador-ingeniero-informático lo tiene chupao. Con seguir la actualidad del día puede fabricar esos muñequitos, dibujitos chistosos, mezclando una buena dosis de lo que ocurre diariamente: miseria, hambre, explotación, injusticias, agresiones, falta de derechos de todo tipo, laborales, políticos, sociales, ecológicos... con una buena mezcla, el ordenador te dispara esos dibujitos medio graciosillos. En fin que existiría un buen ordenata, y no el tal Kalvellido.

Pero por otra parte, mi otro medio cuerpo me dice que J. Kalvellido sí existe, es imposible que no exista, con la pesadez machacona de todos los días con sus dibujitos que se salen de la pantalla del ordenador, (ya me han roto dos, una de ellas por la carcajada que me salió cuando me dí con la cabeza en la pantalla y la rompí –la pantalla y casi mi cabeza).

Y por otra parte, ¿es posible tanta mala leche, mala hostia, tanta rebeldía y ganas de decir ¡basta! ante estos dibujitos? La ternura, la imaginación, la bondad, las ganas de vivir que dan estos dibujitos, no lo puede hacer un ordenador, aunque sea de la última generación de la informática.

Si existiera o existe J. Kalvellido habría que llamarle pesado, como un tronco, constante por su perseverancia, sus risas -¡je, je, ji, ji, jo,jo!... cuasi monótonas, que rompen los esquemas, y nos alegran esta infamia de vivir.

Así pues, en éstas me debato, ¿existe J. Kalvellido? Si existe, quisiera conocerlo, y de paso pagarle los derechos de autor.

Y si no existe, que le den por... O mejor, habría que inventarlo.

Santiago Oset. Tiempo de Cerezas. Ediciones



 

 

 

Salud y ni un paso atrás!!