Una de las más hermosas canciones revolucionarias de la historia
de la clase obrera, Le temps des
cerises, fue escrita por Renard y Climent en 1866 y no habla de fusiles ni
de declaraciones programáticas. Es una canción de amor. Es un canto a la ternura. Jean-Baptiste Climent, joven cantante
(hoy sería “cantautor”) de Montmartre, dedicaría más tarde esta canción a una enfermera asesinada por la
policía en la mañana del último día de la Comuna de París en una barricada en la
calle Fontaine-au-roi (“…desde ese día llevo una llaga abierta en mi corazón…”).
La canción, amada por el pueblo francés, dice que
la época de las cerezas dura muy poco, pero que siempre habrá un tiempo de cerezas. Las revoluciones pueden ser
traicionadas, aplastadas, pero siempre habrá quien luche por la libertad, por el bienestar de los demás, por la
alegría de todos.
Nuestra editorial, Tiempo de Cerezas, nace
en estos días confusos, de traiciones y desencuentros, de debilidad ideológica y entreguismo, con la absoluta seguridad
de que nuevos tiempos de cerezas vendrán: otro mundo es posible, el socialismo.
Reguemos y cuidemos los árboles que nos darán esos
frutos de coral que se cogen soñando, entre el canto de los mirlos y los ruiseñores que, dice la canción,
entonces cantarán mejor.
(Quintín Cabrera para la editorial)